¿De dónde surge la idea de «dejar llorar a los bebés»?

Cuando tuve a mi primer hijo algo que me sorprendió mucho fue cómo el conocimiento popular sobre los cuidados de los bebés difería tanto de la evidencia científica.

¿Por qué el entorno me aconseja que no coja tanto a mi bebé si la evidencia afirma que el contacto es imprescindible para un óptimo desarrollo? ¿En qué momento nos hemos alejado tanto de nuestra naturaleza?

Me gustaría saber si tú también te has llegado a plantear esta pregunta y si conoces el porqué. Hoy quiero explicarte el origen de este gran mito, qué relación tiene con la cuna mecedora, de su decadencia y de la importancia de mecer a nuestros bebés.

Imagen de 3151634 en Pixabay

Aunque la práctica de dejar llorar a los bebés y no mostrar afecto se da en épocas más lejanas, esta teoría fue propagada por expertos a partir de la revolución industrial. El aumento de demanda de mano de obra llevó a las mujeres a separarse de sus criaturas para poder trabajar en la industria de sol a sol. La idea de amamantar con horarios fijos y no mimar demasiado a los bebés fue extendida entre las décadas 1880-1890.

Se consideró que la cuna mecedora mimaba en exceso a los bebés, y que no se les debía ni mecer ni calmar en brazos, ya que, si cedían a sus reclamaciones, los malcriarían y luego siempre llorarían para pedir más. Estas técnicas conductistas desatendían necesidades básicas e importantes para el desarrollo de los pequeños, y potenciaban la sumisión de los futuros adultos.

Luther Emmett Holt, pediatra que escribió y publicó The Care and Feeding of Children en 1897, expuso en su libro los horarios rígidos de amamantamiento y demonizó la cuna mecedora. Escribió: «Para inducir el sueño, mecer al bebé y otras costumbres similares son inútiles y pueden resultar perjudiciales. Conozco un caso en que el hábito de acunar durante el sueño se prolongó hasta que el niño cumplió 2 años; en el momento en que dejaban de mecerlo, el niño se despertaba».

Debido a este atentado contra la cuna mecedora acabó sustituyéndose por la que cocemos actualmente, fija y con barrotes.

Mecer a nuestro bebé es significativo para el sistema vestibular y supone una leve estimulación en su piel, que como hemos ido viendo, es fundamental su estímulo para un óptimo desarrollo general.

El sistema vestibular se encuentra en el oído interno, y es responsable tanto del equilibrio emocional y físico, como del movimiento. Un buen desarrollo del sistema vestibular permite estabilizar la imagen visual en el momento del movimiento. Además, es necesario para el aprendizaje de la lengua y la escritura, las habilidades matemáticas, la capacidad de atención, el equilibrio emocional, la confianza en uno mismo e incluso para poder asentar relaciones interpersonales de calidad.

Así que no sólo el contacto es necesario, sino también el balanceo. Con el porteo tu bebé va a recibir ambos estímulos.

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