¿Qué pasa cuando tu bebé no recibe contacto?

¿Estás cansada de recibir mensajes tipo “no lo cojas que lo malcrías”, o “tu bebé tiene que estar tiempo en su cunita o cochecito para que aprenda a ser independiente”? Estoy convencida de que sí.

Imagen de samuel Lee en Pixabay

Hoy en día, con un clic podemos encontrar muchísima información sobre los cuidados de los bebés. Estoy segura de que has leído en mil y un sitios que los brazos no malcrían, que los necesitan y sobre todos los beneficios que tiene de llevarlos pegaditos a nosotros.

Está bien conocer todo lo que implica y los beneficios de dar contacto a nuestros bebés, pero hoy me gustaría mostrarte un nuevo enfoque. Las consecuencias de no ofrecer ese contacto a nuestros pequeños. ¿Por qué? Porque desde que existimos, el contacto y los brazos ha sido lo natural y lo esperado para criar a nuestras crías. Nuestro diseño requiere ese contacto para un óptimo desarrollo y para la supervivencia de nuestra especie.

Por tanto, es el no ofrecer contacto lo que conlleva consecuencias desfavorables para el desarrollo del bebé.

  • Cuando el bebé se encuentra alejado del cuerpo de su madre, como diría Nils Bergman, de su hábitat, su cerebro activa un estado de defensa. Aumenta los niveles de adrenalina y si se prolonga esa separación, se da el aumento de cortisol, desciende la temperatura corporal y el ritmo cardíaco. Esto sucede porque el bebé, por su nivel madurativo, no está preparado para entender que estar en una cuna o en un cochecito no es peligroso. Simplemente, al estar alejado de su “hábitat”, su cerebro primitivo activa un estado de alarma. Si nos situamos en la época de nuestros antepasados, esto tiene sentido, porque un bebé sólo en la selva era una presa fácil. Para sobrevivir como especie, ha sido necesario que pudiera reclamar al adulto que le protegiera. Los bebés de hoy en día no distan mucho de los bebés de entonces y tienen los mismos mecanismos de supervivencia.
  • El bebé está en constante movimiento dentro del útero, incluso cuando la madre duerme que recibe información como son las vibraciones de su respiración, su digestión, circulación… Si al nacer dejamos de ofrecerle contacto, y lo ponemos en una superficie lisa, el bebé deja de recibir ese movimiento y esa variedad de información. Cuando está en brazos, siente la contención que recibía en el útero, continúa recibiendo esas vibraciones como son los latidos del corazón y la respiración de la madre, además del movimiento. Tumbado pierde la contención y se activa el reflejo de moro.
  • El movimiento es un gran estímulo para el desarrollo del sistema vestibular. El sistema vestibular, que se encuentra en el oído interno, regula el propio movimiento. Se encarga del control del equilibrio, la orientación espacial, e incluso regular el tono muscular. Un bebé tumbado recibe poco estímulo para su desarrollo.
  • Un bebé en estado de alerta tiene mayor dificultad en conciliar el sueño. La oxitocina es una hormona antagónica al cortisol, por tanto, cuando una es segregada la otra no, y a la inversa. El contacto, favorece a la secreción de la oxitocina, y por tanto disminuye los niveles de cortisol. Cuanta más oxitocina, más relajado está el bebé, y más fácil le resulta conciliar el sueño. Por otro lado, un bebé que llora, que está alterado y se encuentra alejado del cuerpo del adulto, no tiene los mecanismos para poder regular el estrés. Es a través del adulto que lo consigue. Si el bebé es acompañado, tiene un ejemplo de regulación. Esto le permite pasar con mayor facilidad del cortisol a la oxitocina, y de adulto tendrá una mejor gestión del estrés.
  • Cuando el bebé está en brazos, concretamente en posición erguida (como es el caso de los bebés porteados) su barriguita está en contacto con el cuerpo del adulto. Gracias al movimiento, va recibiendo como un pequeño masaje que ayuda a la digestión y la expulsión de los gases. Bebés que se encuentran tumbados, tienden a  sufrir más cólicos y problemas digestivos.
  • El bebé es quién activa el proceso de la lactancia, y lo hace gracias al contacto. Si un bebé recién nacido, está sobre el cuerpo de su madre y no es manipulado, acabará reptando, encontrando el pezón y mamando. El contacto favorece a la lactancia porque el bebé tiene acceso constante a su alimento, y la madre capta antes sus señales. Un bebé, alejado del cuerpo de su madre, mamará menos y esto puede dificultar el establecimiento de la lactancia.
  • El bebé cuando nace no tiene todavía un patrón de respiración establecido, y es más superficial. Acariciar y tocar la piel del bebé hace que se activen unos mecanismos reflejos que le permite realizar unas respiraciones más profundas.  En ausencia de estos estímulos, el bebé la tiene que forzar suponiendo un gasto mayor de energía que ya no se podrá invertir en su desarrollo. El aprendizaje de la respiración más profunda y constante lo hace mediante la imitación, por eso el contacto le permite ir adquiriendo el patrón del adulto.

Así que el contacto, más que ser perjudicial para el desarrollo del bebé es necesario, puedes leer más en el post «¿te dicen que coger a tu bebé malcría?«. Estamos hechos para recibir contacto, y nuestro desarrollo saludable depende de él. Es la falta de contacto lo que perjudica.

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